Articulos

AERONAUTAS MEXICANOS DESDE FINALES DEL SIGLO XVIII AL FINAL DEL XIX

.
Autor: LUIS ENRIQUE GAXIOLA BAQUEIRO
BREVE SEMBLANZA HISTÓRICA DE LOS AERONAUTAS MEXICANOS DESDE  FINALES DEL SIGLO XVIII AL FINAL DEL XIX
Luis Enrique Gaxiola Baqueiro
Introducción
El presente trabajo tiene carácter histórico-informativo, mostrando una semblanza y repaso de algunos de los personajes mexicanos más destacados e hitos más importantes alcanzados por ellos en la historia de la aerostación.  Se lleva a cabo un breve repaso de la situación histórico-política del tiempo en que dichos personajes emprendieron sus aventuras y se analiza a juicio del autor del presente trabajo el impacto de las mismas en diversos aspectos (social, tecnológico, cultura popular, etcétera).  Los personajes históricos que aquí se incluyen son: José María Alfaro, León Benito Acosta Rubí, Joaquín de la Cantolla y Rico (probablemente el más conocido de todos y el más arraigado en la cultura popular mexicana) y finalmente se hace una sucinta mención a Donaciano Sabino Escarreola.  Aunque el primer personaje mencionado en esta lista efectuó su vuelo cuando oficialmente México todavía no era una nación independiente de España (México obtuvo su independencia en 1821), vale la pena mencionarlo por la relevancia que su trabajo y avances significaron para la época.  
Si bien desde el punto de vista técnico es muy probable que por la naturaleza del vuelo aerostático las aportaciones a la ciencia el vuelo mecánico no hayan ocurrido de manera totalmente directa, sí que es evidente el impacto que los vuelos de los primeros aeronautas mexicanos tuvieron tanto en territorio nacional, como en naciones hermanas, dejando una semilla que posteriormente daría frutos en el despertar de la vocación de pilotos, técnicos e investigadores
Este trabajo no está orientado en lo absoluto hacia la controversia o la polémica, sino exclusivamente hacia el acercamiento informativo y el interés general, con un matiz anecdótico y en algunos puntos incluso lúdico.
Antecedentes históricos de la aerostación
La aerostación es una de las formas más antiguas desarrolladas por los seres humanos para volar.  Tiene su fundamento en un principio de física básico: un volumen de gas encerrado en una contención o velamen que lo aísla del aire o gas atmosférico, habiendo una diferencia de densidades entre el aire atmosférico y el gas retenido dentro de la contención o velamen.  Dicha diferencia de densidades entre gases puede deberse a la concentración misma del elemento utilizado (por ejemplo, helio o hidrógeno) o a la temperatura (en el caso de calentar el propio aire atmosférico retenido dentro del globo).  Cuando el artefacto volador cuenta además con un medio propulsor y capacidad de maniobra se le conoce entonces como dirigible, en caso contrario, se le conoce como globo aerostático.  Los primeros intentos exitosos documentados en la utilización de este principio de la física para vuelos tripulados por humanos son los atribuidos al sacerdote jesuita brasileño Bartolomeu Lourenço de Gusmão (en 1709) y por los hermanos Joseph y Jacques Montgolfier (en 1873)
Los pioneros en México
JOSÉ MARÍA ALFARO GUILES
Casi diez años después de la demostración pública de 1873 llevada a cabo por los hermanos Montgolfier, se tiene registro de que José María Alfaro Guiles, originario de Tuxpan (en el actual estado mexicano de Veracruz) efectuó un vuelo entre las ciudades de Xalapa y Coatepec (del mismo estado) el 18 de mayo de 1784, iniciando el vuelo desde las llanuras conocidas como “Los Berros” y terminando su viaje en un valle en lo que en aquel entonces era la entrada de Coatepec, recorriendo un total de aproximadamente nueve kilómetros y alcanzando una altura de 800 metros en su nivel más alto.  El globo tenía aproximadamente 10 metros de altura, y capacidad para transportar a dos personas (Ramírez Rodríguez, 2012).  El viaje lo hizo Alfaro Guiles, no obstante, sin compañía.  Desafortunadamente la historia lo tuvo casi dos siglos en el olvido, hasta que, de acuerdo a Ramírez Rodríguez, al hacer una revisión meritocrática de la nomenclatura de las calles de Xalapa, especialistas de la historia local xalapeña rescataron su memoria. De dicha investigación se logró recuperar la información de que tuvo cuatro hijos y que pasó casi toda su vida en la calle que actualmente lleva su nombre en la ciudad de Xalapa.  “La Gazeta de México” (sic) publicó al día siguiente de la hazaña de Alfaro Guiles: “Quedase fabricado en este pueblo un globo aeróstato semejante al que expresan las últimas gacetas de Madrid, trabajado por José María Alfaro: consta como de 18 varas castellanas y se cree tenga el efecto que se desea, según el arreglo y cuidado con que se ha construido, lo que se avisará al público”.
De Alfaro Guiles se sabe, adicionalmente y por lo publicado en aquellos años, que no limitó sus inquietudes exclusivamente a la aerostación, sino a la ingeniería en general, terreno en el cual era también reconocido.  Algunos de los encargos que la administración pública le asignó, fueron la reparación del reloj de tecnología inglesa de la Iglesia Parroquial de la Inmaculada Concepción (catedral de Xalapa) y la construcción de estrados y gradas para el festejo de la proclamación de Fernando VII de España.  Se sabe que José María Alfaro murió el 22 de julio de 1813 (Calderón, 2013).
BENITO LEÓN ACOSTA RUBÍ
Originario de la ciudad de Guanajuato, en el hoy estado del mismo nombre, nació el 10 de abril de 1819 (Rodríguez, 1995), aunque la placa conmemorativa en la fachada de la casa donde nació, así como el autor Luis Caballero Villafranca, mencionan que su nacimiento ocurrió el 11 de abril (Imagen 1).  Al iniciar sus vuelos aerostáticos en el México independiente es considerado por algunos autores como el primer mexicano que ondeó el pabellón nacional desde el aire, una semana antes de su cumpleaños número veinticuatro, el día 3 de abril de 1843, en una incursión aerostática que inició en la entonces Plaza de San Juan (por la Presa de la Olla), para finalizar su recorrido de una manera por demás anecdótica – como ya se explicará más adelante - piloto y nave, en diferentes sitios. Hijo de José Tomás Acosta y de María Úrsula Rubí de Celis, efectuó sus estudios en la Escuela de Minería de la Ciudad de México.  Obtuvo el privilegio del entonces presidente, Antonio López de Santa Anna, de ser por tres años el único aeronauta al que se le autorizasen los vuelos sobre cielo mexicano (Macías Muñoz, 2011).  Su segundo vuelo, que de acuerdo a las fechas expuestas por las fuentes bibliográficas consultadas entra en conflicto cronológico con el primero (y por tanto en el presente trabajo no se cita), fue dedicado en propias palabras del aeronauta “al bello sexo de mi país” (Rodríguez, 1995).
Algunos autores como Francisco Sauza Vega, cronista de Apaseo el Alto, consideran a Benito León Acosta como el pionero de esta disciplina en el México independiente.  En un artículo escrito por Luis Caballero Villafranca en 1993, el autor menciona que Benito León Acosta, antes de realizar el famoso ascenso del 3 de abril de 1843, ya había efectuado cinco ascensos anteriores, aunque cortos en relación al ya antes mencionado.
La nave utilizada por Benito León Acosta, de acuerdo a Caballero Villafranca, era de seda y estaba recubierta por una red del mismo material.  Desde el principio mismo del viaje se adivinó que el mismo sería azaroso, pues el viento le fue contrario y el globo fue llevado sin control, a través de la sierra, con rumbo a Dolores Hidalgo, hasta que Benito pudo divisar un punto donde le pareció factible y seguro iniciar la maniobra de descenso.  Ancló pues el globo amarrándolo a una nopalera, no habiendo él descendido, cuando un golpe de viento combinado con la fuerza boyante del globo, arrancaron la parte de la cactácea donde estaba amarrada la nave, comenzando a elevarla nuevamente por el aire.  Así pues, como desesperado recurso final, se deslizó utilizando el cordelaje del globo y saltó, por fortuna sin llegar a fracturarse, aunque sufriendo algunas contusiones y arañazos.  Mientras tanto, la nave se había vuelto a elevar, perdiéndose en el aire.
Así pues, no le quedó otra a Benito León Acosta que “desandar el camino” a pie.  En esto estaba cuando se encontró con un grupo de jinetes, quienes con una mezcla de curiosidad y buena voluntad lo acompañaron de vuelta a Guanajuato.
Mientras tanto, en Guanajuato – continuando con la narración de Caballero Villafranca - el jefe político, Don Jacinto Rubio, al enterarse que el aeronauta volvía a la ciudad, se apresuró a acudir a su encuentro y recibimiento.  Sobra decir que Benito fue considerado y tratado como héroe, organizándose varios festejos en su honor que incluyeron bailes, funciones de teatro y la develación de placas conmemorativas, una de ellas en la casa donde había nacido.  En uno de estos festejos, de acuerdo al antes mencionado autor, fue coronado por la señorita Margarita Taboada - posteriormente esposa de otro personaje histórico mexicano, Mariano Abasolo – y aclamado por el público asistente como “primer aeronauta mexicano nacido en Guanajuato”.   
Como dato curioso, la nave de Benito León Acosta, una vez finalizado su recorrido sin piloto, terminó en un lugar muy diferente: Río Verde, en el estado mexicano de San Luis Potosí, siendo posteriormente devuelta por las autoridades de dicho lugar.
De Benito León Acosta se sabe adicionalmente que además de su pasión aeronáutica, era también un destacado profesionista del área contable, llegando a ser director del Instituto Comercial y catedrático de Aritmética y Contabilidad en partida simple y doble (Rodríguez, 1995).
Falleció en la Ciudad de México, aunque las fuentes consultadas difieren en la fecha, consignándola una de ellas el 28 de octubre de 1886 (ver Imagen 1), y otra en 1885 (Rodríguez, 1995) sin especificar esta última la fecha exacta.

JOAQUÍN DE LA CANTOLLA Y RICO
Probablemente el más conocido de los aeronautas mexicanos, y de quien más se conserva memoria en la cultura popular fue Don Joaquín de la Cantolla y Rico, hijo de Juan de la Cantolla (español, de Liérganes, Cantabria) y de Soledad Rico.  No es raro, de hecho, que en la actualidad todavía se hagan referencias a su nombre en productos comerciales e incluso en refranes.  Joaquín de la Cantolla y Rico nació el 25 de junio de 1829 y murió el 20 de marzo de 1914.  De profesión telegrafista, no obstante, realizó anteriormente estudios en el Colegio Militar sin llegar a graduarse.  Existen discrepancias entre diferentes autores si llegó o no a participar en la histórica defensa del Castillo de Chapultepec – lugar donde se encontraba el Colegio Militar - el día 13 de septiembre de 1847, durante la invasión norteamericana.  Durante su estancia en el Colegio Militar tuvo un accidente con pólvora y por lo mismo, algunos autores como Pilar Montes de Oca Sicilia (2013) afirman que el hecho de quedar incapacitado tras el accidente le eximió de participar en la defensa e incluso haber sido dado de baja por este motivo, sin llegar a graduarse.

De este aeronauta mexicano se sabe que abrazó la profesión de telegrafista, en la cual no ganaba demasiado dinero, pero sí le proveyó de una red de contactos que de algún modo le ayudarían a sacar adelante sus posteriores proyectos aeronáuticos.
En el año 1862 unos hermanos norteamericanos de apellido Wilson se encontraban haciendo una serie de demostraciones en algunas de las ciudades más importantes de la República Mexicana.  Joaquín de la Cantolla acudió a sus presentaciones y se interesó vivamente por el vuelo aerostático.  Al punto de que fue probablemente el primero en ofrecerse, cuando los hermanos solicitaron un voluntario entre el público asistente para volar junto con uno de ellos, Sam Wilson, ocurriendo esto el 27 de julio de 1862.  No se limitó de la Cantolla a únicamente vivir su experiencia como pasajero del aparato volador, sino también a adquirir de los hermanos Wilson todo el conocimiento posible para la construcción y navegación del mismo.  De hecho, hizo sus propias contribuciones y mejoras a los diseños y de este modo, a lo largo de su vida como aeronauta, construyó los globos “Moctezuma I”, “Moctezuma II” y el “Vulcano” (Ruiz Romero, 2001).  
El primer vuelo público, con base en los conocimientos adquiridos de los hermanos Wilson, lo efectuó poco menos de un año después de su primera experiencia como aeronauta, el 26 de junio de 1863, desde la Plaza de Toros del Paseo Nuevo, ahora Paseo de Bucareli, en un vuelo que dedicó a los generales conservadores Juan Nepomuceno Almonte y Leonardo Márquez, quienes eran amigos de su familia.
El éxito obtenido en este ascenso, le dio a Joaquín de la Cantolla y Rico una fama bien ganada.  No había fecha o fiesta importante en la cual él no participara con alguna demostración pública de ascenso en globo.  Su fama llegó a tal punto que el entonces Emperador de México, Maximiliano I, le obsequió unos yugos (mancuernillas) de oro en reconocimiento a sus hazañas.

Algo que caracterizaba a Joaquín de la Cantolla, a juicio del autor del presente trabajo, era su sentido de orgullo, formalidad e identidad nacional.  De acuerdo a varios autores, sus vuelos los efectuaba vestido de charro (traje nacional) o de levita, pero eso sí, invariablemente, siempre portando la bandera nacional en cada vuelo.  De hecho, el segundo globo construido por él, el “Moctezuma II”, llevaba los retales en colores verde, blanco y rojo, como los colores de la bandera nacional.  Es precisamente dicho globo (el Moctezuma II) es el que se representa en la pintura mural “La conquista del aire por el hombre” de Juan O’Gorman, en el Aeropuerto Internacional Benito Juárez de la Ciudad de México.  Como dato anecdótico, este mural contiene una falla muy común y extendida en cuanto a la correcta escritura del apellido “Cantolla”, pues en el mural está escrita la leyenda “Viva Cantoya” (sic).

Como se comentó anteriormente, Joaquín de la Cantolla intentó adaptar y mejorar las técnicas y diseños aprendidos originalmente de los hermanos Wilson.  Probablemente la contribución más notable fue el desarrollo de un sistema regulador de llama, con base de alcohol, el cual fue analizado por expertos y probado con éxito el 22 de octubre de 1877, en las instalaciones de la Escuela de Ingenieros del Colegio de Minería de la Ciudad de México (Montes de Oca, 2013).

No se libró este aeronauta mexicano de accidentes y problemas.  Por ejemplo, en una demostración efectuada 10 de noviembre de 1863 solicitó a algunos de los espectadores del espectáculo ayudarle a sostener las amarras de su nave.  Debido a la demora en los preparativos y el aburrimiento, un sastre de apellido Avilés (uno de los voluntarios), amarró la cuerda a una de sus piernas para así tener las manos libres y poder encender un cigarrillo.  Desafortunadamente, en su distracción no se percató del momento en que el resto de los asistentes soltaron las amarras del globo siendo llevado por los aires, pese a los desesperados esfuerzos de Joaquín de la Cantolla de introducirlo en la barquilla de la nave.  Este vuelo terminó en tragedia, cuando al liberarse la pierna de Avilés, este cayó sobre Palacio Nacional (en aquel entonces, sede del Gobierno Federal), falleciendo instantáneamente (Hernández, 2008).  Otros accidentes de menor y mayor importancia ocurrieron durante la trayectoria aeronáutica de Joaquín de la Cantolla y Rico, siendo probablemente el más recordado cuando, inesperadamente, el globo en que viajaba bajó y cayó a través del tragaluz de una casa en una casa del rumbo de Salto del Agua, donde además de las lesiones producidas por la caída misma, fue golpeado por los moradores de la casa, presas de la impresión y el nerviosismo.  Tampoco en su vida personal estuvo Joaquín de la Cantolla exento de problemas.  Sus propios familiares intentaron sabotearle sus aeronaves por diversos motivos, lo cual las fue deteriorando y con el paso del tiempo quedaron inoperantes.  En el cine mexicano, en 1944, se le representó como un científico loco, excéntrico y con recursos suficientes para llevar a cabo sus experimentos y vuelos en la película “El Globo de Cantolla”, donde el papel del aeronauta mexicano lo interpretó el actor Agustín Isunza.  Sin embargo, no hay sustento histórico alguno para afirmar tales características acerca de la personalidad de Joaquín de la Cantolla.  Antes bien, lo que sí es fácil de deducir es que muy probablemente tuvo que privarse de muchos deseos personales pues, con un sueldo de telegrafista no resultaría sencillo poder financiar sus vuelos sin un correspondiente y significativo sacrificio monetario.

Con todo lo anterior, entre accidentes físicos que dejaron mermada su salud y descalabros financieros que hicieron lo mismo con su bolsillo, sus ascensiones fueron disminuyendo y finalmente ya no efectuó ninguna más.  Sin embargo, en 1914, el mexicano Alberto Braniff Ricard, quien fue el primer mexicano en volar en aeroplano sobre suelo mexicano en el año 1908, importó de Francia un globo de seis plazas y trajo a un experto para volarlo, Jules Dubois.  De la Cantolla fue invitado por Braniff en este vuelo que, de algún modo, era una forma de rendirle homenaje por sus acciones como pionero de la aerostática nacional.  De este último ascenso de Joaquín de la Cantolla puede observarse una fotografía (Imagen 2) donde aparece junto a Alberto Braniff, vestido como la ocasión lo ameritaba, de levita y sombrero de copa.
Este último vuelo le reporta a de la Cantolla por un lado una satisfacción y un honor al ser reconocido por Braniff, pero por el otro le reporta un muy serio incidente.  El globo, después de alcanzar una altura considerable, quedó temporalmente fuera de control a pesar de los esfuerzos de Dubois debido a fuertes vientos, estas condiciones lo hicieron volar sobre territorio controlado por fuerzas revolucionarias de Emiliano Zapata, bajo el mando de Genovevo de la O, quienes probablemente creyendo que se trataba de una nueva forma de intentar atacarlos, trataron a toda costa bajar la nave a balazos (Carr, 2014).  Por fortuna, ninguno de los tripulantes salió herido y pudieron tomar tierra de nueva cuenta en un sitio seguro.

Y fue justamente tras este incidente, que lo dejó visiblemente afectado, al volver a su domicilio el pionero mexicano sufrió un derrame cerebral en la entrada de su casa y murió unos días después.
Como se mencionó anteriormente, es probablemente Joaquín de la Cantolla y Rico el aeronauta mexicano del que más memoria y arraigo en la cultura popular se tiene.  Incluso, es de llamar la atención que fuera de México, en el refranero cubano, se dice que una persona está “como el globo de Cantolla” cuando es extremadamente gruesa o gorda.  Por otra parte, en el refranero mexicano se dice que una situación o proyecto después de alcanzar grandes alturas termina precipitándose, terminó “como el globo de Cantolla” (Bustillos Alamilla, 2011).
Finalmente, vale la pena mencionar algunos otros elementos de la cultura popular en la que se hace alusión directa o referencias hacia Joaquín de la Cantolla y Rico.  Por ejemplo, aparece en el mural de Diego Rivera “Sueño de una tarde dominical en la Alameda Central” (además de la aparición ya mencionada en el mural de O’Gorman).  Es también personaje central de dos canciones de tipo “corrido mexicano”, llamadas “la gran ascensión” y el “corrido de Cantolla” (Ruiz Romero, 2001).  En el Parque del Ocotal, en Milpa Alta, México, se realiza anualmente un concurso-festival de globos.  Asimismo, reciben el nombre de “Globos de Cantolla” los pequeños globos artesanales no tripulados que se fabrican con papel china y son lanzados durante las fiestas populares.

DONACIANO SABINO ESCARREOLA
De Donaciano Sabino Escarreola se sabe que era oriundo de Guadalajara, sin que se hayan podido precisar varios de sus datos biográficos.  Lo que sí es sabido es que, con sus vuelos logró hacerse presente en diferentes y diversos sitios, como lo fueron el estado mexicano de Chiapas, en Guatemala e incluso en Honduras, como lo consignan periódicos de la época.  La Fuerza Aérea Hondureña le reconoce como el iniciador del interés en su país por volar, al registrar sus vuelos en el año de 1879.  Asimismo, se menciona que también fue Donaciano Sabino Escarreola la primera persona en lanzarse en paracaídas sobre suelo hondureño, y ser él quien iba al mando de la nave en la cual ascendió por primera vez en globo una mujer centroamericana, la señora Rufina Balcázar (Fuerza Aérea Hondureña, Base Aérea Coronel Hernán Acosta Mejía, 2011).  
Otro episodio que vale la pena mencionar de la vida de este aeronauta mexicano es el ocurrido en el año de 1876, en el marco de los festejos de la “Feria de la Primavera y la Paz” en San Cristóbal de las Casas, del estado mexicano de Chiapas.  El programa de festejos de ese año contó con la peculiaridad de incluir una ascensión en globo, que el aeronauta mexicano dedicaba al Coronel Carlos Borda, jefe militar de la plaza.  De acuerdo al autor Prudencio Moscoso Pastrana (2012) se publicó antes de la ascensión la siguiente “orden del espectáculo”:

“Empezará a inflarse el globo desde las seis de la mañana, diez minutos antes de la ascensión se elevará un globo correo; a las nueve en punto se despedirá al aeronauta, y estando a la altura de quinientas o seiscientas varas, arrojará un perrito en su correspondiente paracaídas
San Cristóbal de las Casas, abril 22 de 1876
DONACIANO ESCARREOLA”

Es de suponerse la enorme expectación que dicho anuncio provocó en los pobladores de San Cristóbal y área circunvecina.  De hecho, los días 16 y 18 del mismo mes se lanzaron globos al aire, pero no estaban tripulados, lo cual no hizo sino incrementar todavía más las expectativas del público.  Así pues, la gente hizo todo tipo de vaticinios y apuestas al respecto.  Así pues, de acuerdo al programa previamente establecido y siguiendo con el relato del Moscoso Pastrana, el aeronauta inició su viaje que inicialmente parecía sin contratiempos hasta que, como ocurrió a los otros aeronautas mencionados a lo largo del presente trabajo, un golpe de viento arrastró a Escarreola y su nave hacia el pueblo de Chamula, distante a unos diez kilómetros de San Cristóbal.  En Chamula, los asombrados indígenas tzotziles que en ese momento estaban trabajando sus sementeras no cabían en su asombro al ver a un hombre literalmente “venido del cielo” descendiendo hacia ellos.  Una especie de frenesí se apoderó de los habitantes del pueblo quienes, tan pronto el aeronauta tocó tierra, hacían hasta lo imposible por besar, abrazar y tocar a Escarreola, en efusivas y agobiantes muestras de afecto a quien ellos consideraban una especie de deidad.  Mientras tanto, en San Cristóbal de las Casas, al ver la gente el rumbo que tomaba el globo, salió una multitud a caballo siguiendo el rastro del mismo.  Cuando finalmente alcanzaron la población de Chamula y al serles indicado por pobladores del lugar que “un hombre había llegado bajado del cielo” y que en ese momento se encontraba en la iglesia, dirigieron sus pasos hacia el sitio para encontrarse con la sorpresiva escena de que ahí estaba Escarreola, tendido en el altar mayor, desmayado e inmóvil (Moscoso, 2012).

FUENTES BIBLIOGRÁFICAS
1. Bustillos Alamilla, Alberto Rafael.  “Como el globo de Cantolla”.  Semanario “La Voz del Norte”.  23 de octubre de 2011
2. Calderón, Alberto.  “José María Alfaro, a 200 años de su partida”. Diario “El Sol de México-Diario de Xalapa”.  22 de julio de 2013
3. Carr Porrúas, Fernando.  “Parecer el globo de Cantolla” – Diario “Cubarte” (Cuba) – columna “Gazaperías”.  13 de septiembre de 2014
4. Fuerza Aérea Hondureña, Base Aérea Coronel Hernán Acosta Mejía.  “Reseña Histórica de la Base Aérea Cnel. HAM” (http://www.fah-mil.com/2011/04/13/resena-historica-de-la-base-aerea-cnel-ham/)
5. Hernández, Erick de Jesús.  “Levantando el vuelo.  Entre la aerostática y la aviación”.    30 de junio de 2008
6. “La Gazeta de México” (sic), miércoles 19 de mayo de 1784, p. 82
7. Macías Muñoz, Raúl. “La hazaña de don Benito León Acosta”. Diario “El Sol del Bajío”.  15 de julio de 2011
8. Montes de Oca Sicilia, María del Pilar.  “Globos de Cantolla”. Revista “Algarabía”.  9 de enero de 2013.
9. Moscoso Pastrana, Prudencio.  “De las ferias de San Cristóbal y sucedido en Chamula”. 5 de abril de 2012
10. Ramírez Rodríguez, Roberto. “Vuelo histórico olvidado”, 11 de julio de 2014.  “Gaceta de México” (versión digital).  http://www.gacetademexico.com/vuelo-historico-olvidado-por-roberto-ramirez/
11. Rodríguez, María de los Ángeles (1995). “ESCA Pionera en la enseñanza comercial contable y administrativa en América”, p.383
12. Ruiz Romero, Manuel (2001).  “Corridos de Tema Aeronáutico”, Revista Quauhtli No. 3
IMÁGENES:
1. Benito León Acosta (imagen): http://1.bp.blogspot.com/-NGKVWUehlfU/Vi_Mkhyz7XI/AAAAAAAAFrU/QZ4SU_eDpo0/s640/BenitoLeonAcosta-vi.jpg
2. Joaquín de la Cantolla y Rico.  Archivo Casasola.