Homenajes

ISMAEL ISMAEL

Fecha de Nacimiento 15 de 1935
Los terremotos que afectaron a la Ciudad de México el 19 de septiembre de 1985, dejaron un duro recuerdo en la conciencia nacional y mundial, haciendo a un lado el sufrimiento y la desesperanza que esos eventos naturales traen consigo, nos centramos en los hechos heroicos que se desenvolvieron de parte de una gran cantidad de personas. Aquí en SMEAL rendimos homenaje a uno de aquellos héroes hasta ahora anónimos, que con su valiosa ayuda lograron salvar vidas y mantener encendida la llama de la esperanza en muchas personas, el Capitán Piloto Aviador Ismael Carranza.
SMEAL.


TERREMOTOS EN MÉXICO.
HÉROES ANÓNIMOS.
Por: Sergio Rodríguez Carranza, 2015.
En 1946, un niño de 11 años emigrante de México admiraba a través de la reja del aeropuerto de McAllen Texas, un portentoso DC-3 estacionado en plataforma. En ese mismo momento, el niño le informó a su padre que algún día pilotearía ese avión. Su padre, hijo del General Jesús Carranza y primo hermano del Capitán Emilio Carranza, reprendió fuertemente a su hijo por ese sueño. Su familia ya había sufrido demasiadas tragedias, como para no reaccionar de esa manera. Pero el pequeño estaba determinado: seguiría los pasos (o mejor dicho, los vuelos) de su tío Emilio, a quien tanto admiraba.
 
A pesar de la fuerte oposición de su padre, Ismael Carranza se las ingenió para ser piloto a los 16 años de edad. El mismo día de su cumpleaños 18, obtuvo la licencia de piloto e instructor con todas las certificaciones.
 
Eran los tiempos de la Guerra de Corea y de inmediato fue enlistado en el Ejército de EE.UU. para servir a su nueva patria, aunque nunca dejaría de amar a México, tanto que, cuando fue posible la doble nacionalidad, de inmediato y con mucho orgullo recuperó la mexicana.
 
En el ejército, su comandante se enteró que Ismael era instructor y le pidió que lo enseñara a volar. Esa relación se convirtió en una fuerte amistad, al grado de que cuando su unidad iba a ser enviada al teatro de guerra, el comandante de Ismael le ordenó transferirse a la Guardia Nacional Aérea para protegerlo. De toda su compañía, sólo la mitad regresó viva de Corea.
 
En la Guardia Nacional Aérea, Ismael estableció un club aéreo para enseñar a volar al personal de tierra que así lo quisiera. Todavía no cumplía 20 años y ya tenía a su “mando” una organización con oficiales que, aunque lo superaban en jerarquía militar, se sujetaban a su instrucción y enseñanza. Ismael probaba así que era digno sobrino de su tío Emilio. En esa etapa de su vida, su trabajo era transportar armamento nuclear entre instalaciones militares de los EE.UU. ¡Qué tal! Un mexicano de corazón, sobrino nieto de Don Venustiano Carranza, asignado a una de las labores más delicadas que se puedan imaginar justo en medio de la Guerra Fría. Por eso no debe sorprender tanto que, cierto día, un par de agentes del F.B.I. tocaran a su puerta para hacerle una propuesta que Ismael no tenía más remedio que a aceptar. Sucedió que el F.B.I. tuvo conocimiento de que la K.G.B. tenía la intención de reclutar a Ismael para su causa. Al fin y al cabo, él era descendiente de una familia que por defender a México había combatido no sólo a los franceses sino hasta a los americanos. Los soviéticos pensaban que sería fácil voltearlo. Las instrucciones del F.B.I. para Ismael eran aceptar la “propuesta indecorosa” para entonces alimentar información falsa a los espías rusos. Después de más de un año en esa comisión, el aparato de inteligencia soviético empezó a sospechar que su “agente” en realidad era un “doble agente” y el F.B.I. lo averiguó. Así que, una vez más, para protegerlo, alguien intercedería a su favor. Lo retiraron de la comisión en transportes militares y le ofrecieron colocarlo en cualquier aerolínea que él quisiera: Pan American, American, Continental, United… en fin, la que él quisiera. Por eso nunca entendieron por qué Ismael les pidió que lo colocaran en una modesta aerolínea regional que se llamaba Trans Texas Airways. Claro que no podían saber que el avión que tanto admiró Ismael de niño en McAllen, era precisamente de esa compañía. Ismael le había asegurado a su papá que sería piloto de “ese avión” y lo cumpliría.
 
Durante su tiempo en transportes militares, a Ismael le sucedió también recibir una llamada de su tío Alberto; Alberto Salinas, el fundador de la Fuerza Aérea Mexicana y ya entonces Director General de Aeronáutica Civil. El General Salinas había sido invitado por uno de los senadores por Texas, a visitar su rancho y el tío quería saber si su sobrino Ismael podría conseguir un avión para llevarlo. Ismael, por supuesto, lo consiguió y lo llevó a la visita. Ya en el rancho del senador y luego de las presentaciones de rigor, el senador pidió a Ismael una vuelta en el avión para mostrarle a su invitado los atractivos del rancho. Después de un lindo paseo, tío y sobrino se despidieron del anfitrión, no sin que éste antes le ofreciera a Ismael que lo fuera a ver a Washington D.C., cuando quisiera, si se le ofreciera algo y que contara con él. Esta anécdota aparentemente fuera de lugar, es muy importante por lo que le sucedería más adelante a Ismael. Cuando comenzó su empleo como piloto de Trans Texas Airways, fue una época agridulce en donde era bastante común ver en las cafeterías de Texas un letrero colgado en las puertas en donde se advertía: “No dogs, no blacks and no Mexicans allowed”. Esa era la Texas de 1961. El sindicato de pilotos de Trans Texas le advirtió a Ismael que no sabían como le había hecho para entrar pero que de plano no se pusiera cómodo en su nuevo empleo, porque ya estaba decidido que no le permitirían pasar del periodo de prueba; Así comenzó el hostigamiento. Pero Ismael no era uno que se iba a dejar de tal injusticia. Era la época del racismo, cierto, pero también lo era de la batalla frontal por los derechos civiles; así que Ismael acudió a su representante en el Congreso de los EE.UU., para buscar ayuda. El representante… más bien, la representante era una mujer afroamericana que entendía muy bien por lo que estaba pasando Ismael, pero reconocía su propia impotencia, por las mismas razones, para ayudarlo. Así que cuando le preguntó a Ismael qué es lo que ella podía hacer, él le contestó que lo acompañara a ver a su “viejo amigo” el Senador Johnson que, aunque para entonces había dejado el Senado… ahora era el Vicepresidente de los EE.UU.



Lyndon Johnson, un gran proponente de la cruzada por los derechos civiles, se acordó de Ismael y cumpliendo su promesa lo atendió en Washington, D.C. Durante esa reunión, Ismael le planteó a Johnson que sería muy favorable para la cruzada por los derechos civiles que se estaba librando, si se pudiera lograr que Trans Texas Airways contratara seis pilotos negros, seis pilotos latinos y seis pilotos mujeres. A Lyndon Johnson le pareció una magnífica idea y ahí mismo le ordenó a su secretaria comunicarlo con Frank Lorenzo, presidente de Trans Texas Airways. Sobra decir que ante semejante llamada, Frank Lorenzo aceptó la “sugerencia” del Vicepresidente de los Estados Unidos. Cuando Ismael regresó a Houston, sede de Trans Texas Airways, lejos de ser botado de la aerolínea por el sindicato, lo que causó fue un tremendo respeto. ¿Quién era ese mexicano? Frank Lorenzo no tardó en averiguarlo. Quería convertir a su mediana aerolínea regional en una de cala internacional con vuelos a México y resultaba que uno de sus pilotos -y no cualquier piloto, como había quedado demostrado- era nada menos que sobrino del Director General de Aeronáutica Civil de México. Así que le pidió a Ismael encargarse de esa tarea. En menos de lo que canta un gallo, se abrieron rutas de Houston a Monterrey y Tampico; y Trans Texas Airways se convirtió en Texas International Airlines. A partir de eso su bonanza fue tal que, en veinte años, Texas International compraría a Continental Airlines. Fueron veinte años en los que la relación y amistad entre Frank Lorenzo e Ismael crecería y se solidificaría a tal grado que Ismael, en defensa de su jefe y amigo, se las ingenió para impedir en Continental una huelga general de pilotos que en 1982 acabó quebrando a aerolíneas de similar tamaño como Braniff, Eastern y Western. Ismael fue piloto al mando en los vuelos inaugurales y despachado a todas las nuevas rutas de larga distancia, hasta llegar a comandante de 747 en las rutas desde Houston a Hawái, Tokio y Sydney. Así fue que acumuló en toda su carrera arriba de 42,000 horas de vuelo; más que cualquier otro mexicano y prácticamente que cualquier otro piloto del mundo.



Por eso se explica que el 19 de Septiembre de 1985, cuando Ismael se despertó con la noticia del terremoto de la Ciudad de México, pudiera simplemente levantar el teléfono para hablarle a Frank Lorenzo y preguntarle: ¿Qué vamos a hacer por México? Frank Lorenzo le contestó: Lo que tú digas.

En la principal televisora de Houston conocían bien a Ismael pues le habían hecho en 1982 una entrevista que generó muy alta audiencia cuando él se opuso prácticamente solo, en contra de casi todos sus camaradas, a la huelga general de pilotos. Por eso cuando recibieron su llamada para pedirles un lugar en el espacio noticioso, para hablar del terremoto, se lo dieron de inmediato. Ahí Ismael convocó al pueblo de Houston a solidarizarse con el pueblo de México y a llevar donativos a los centros de acopio que previamente había convenido con la YMCA. Ofreció en el aire, que Continental Airlines transportaría gratis a México toda la ayuda que se pudiera reunir. Él, pensando que aprovecharían toda la capacidad disponible en los compartimentos de carga de sus vuelos regulares para esa misión de auxilio. Pero al salir del aire, en el mismo estudio, recibió una llamada del alcalde de Houston preguntándole si la oferta de Continental “iba en serio”; porque la Ciudad de Houston estaba dispuesta y preparada a enviar de inmediato a su  mejor personal de rescate, junto con equipos muy especializados para desastres entre los que se encontraban, por ejemplo, sierras para cortar concreto de 20 pulgadas de espesor. Igual que esa llamada, se recibieron al mismo tiempo en el estudio docenas de otras llamadas con iguales ofrecimientos. Ahí Ismael se dio cuenta que los vuelos regulares no alcanzarían y, antes de colgar con el alcalde, llamó por otra línea una vez más a Frank Lorenzo, para informarle: necesitamos un vuelo especial y necesitamos que sea con un DC-10. A lo que Frank Lorenzo le contesto: ya te dije Mel, lo que tú digas. Así que de inmediato pudo responder al alcalde: Va en serio.

Después vendría la negociación con un hueso más duro de roer. El director de operaciones de Continental le dijo a Mel que estaba loco si pensaba que le darían un DC-10; ¡de por si no tenían suficientes equipos para sus operaciones regulares! Mel le reviró: pregúntale a Frank. No tardó un minuto en venir la respuesta: No sé qué le sabes al señor Lorenzo pero tienes tu DC-10, siempre y cuando reúnas a una tripulación de voluntarios y vayan ustedes por el avión a Denver. En lo que esperaban el vuelo de traslado a Denver, a Ismael se le ocurrió llamar a una televisora de esa ciudad para hacer el mismo pedido de ayuda que había hecho en Houston. Para agradecerles su colaboración, les ofreció asientos en el avión para llevar a México a los reporteros de la estación. Sobra decir que la convocatoria tuvo igual fortuna que en Houston y fue necesario dejar temporalmente en Denver una gran cantidad de ayuda que se había reunido, para cuando despegaron de esa ciudad. De lo contrario no hubiera habido espacio suficiente para transportar el auxilio que procedería desde Houston, en donde harían escala antes de partir para México. A media noche del mismo 19 de Septiembre, a menos de 24 horas de la tragedia, Ismael se comunicó con la torre de control del Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México y pidió permiso para aterrizar, informando que llevaba un transporte de auxilio para las víctimas del terremoto. El permiso fue denegado, informándole que el gobierno de México no había solicitado ayuda. Ismael replicó: ¡La ayuda es para el pueblo; no para el gobierno! Voy a aterrizar. Al aterrizar, los oficiales de seguridad del aeropuerto intentaron arrestarlo pero encontrándose en la plataforma un gran número de funcionarios de la Embajada Americana con las cajuelas de sus autos y camionetas abiertas para llevar de inmediato a los rescatistas y sus equipos a la zona del desastre, éstos pidieron asistencia al comandante militar a cargo de los hangares presidenciales quien, escandalizado por el acto de los oficiales de seguridad impidió lo que habría sido una vergüenza muy deshonrosa para México, pues fue con la ayuda del personal y equipos transportados en esa espontánea y fraternal misión aérea de auxilio con la que se pudo rescatar con vida a bebes recién nacidos y a personal médico del colapsado Hospital Juárez. Y al final, la misión no concluyó ahí pues terminó por convertirse en un puente aéreo de varias semanas que transportó más de 100 toneladas de material y equipo de auxilio procedentes de Estados Unidos y otros países del mundo que, por logística, enviaban la ayuda a Houston para que desde ahí Continental la transportara a México, en debido cumplimiento de la palabra empeñada por uno de sus pilotos: Ismael Carranza.



Como complemento a la información anterior, nos permitimos agregar los siguientes enlaces recomendados:

http://conquistadordeltiempo.blogspot.mx/2015/09/la-dinastia-carranza-y-su-participacion_19.html
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